El autor, John K. Toole, consigue una crítica clase media. Logra mantener el interés del lector (incluso mayor en una segunda lectura que en la primera) con un abanico de personajes a cuál más desagradable, que podríamos también definir como un carnaval esperpéntico de marginados que sobreviven hábilmente revolcándose en el desdén de la hipócrita clase dominante, entre los que destacan Darlene la stripteaseuse de la cacatúa; Burma Jones, el quisquilloso portero negro del cabaret Noche de Alegría, regentado por la rapaz Lana Lee, quien completa sus ingresos como modelo de fotos porno; el patrullero Mancuso, el policía más incompetente de la ciudad; Myrna Minkoff, la estudiante contestataria, amiga de Ignatius; Dorian Greene, un líder de la comunidad gay; la desternillante octogenaria Miss Trixie, siempre enfurecida porque no le dan la jubilación... el propio Ignatus Reilly, la madre de éste y tantos otros personajes inolvidables.
No deja títere con cabeza y, a través de la tortuosa y enrevesada personalidad de Ignatius, da un repaso a la época que le tocó vivir en un tono de burla que contrasta con la triste visión de las vidas de los personajes retratados. No encontramos únicamente una loca y angustiosa historia de crítica social, sino que el argumento engancha desde el comienzo. Momento en el que, como dice su protagonista, Fortuna hace girar su rueda hacia abajo y nunca sabemos cuál es la desagradable sorpresa que nos depara el destino. A partir de aquí, unas situaciones enganchan con otras, al igual que lo van haciendo los personajes, y se va formando una enorme bola de nieve que terminará estallando al final de la novela.En la imagen, John Kennedy Toole.

Escrito a principios de los 60, el autor no pudo conseguir que se editara y, frustrado, en 1969, cansado de intentar la publicación en multitud de editoriales, tuvo la trágica iniciativa de inhalar los gases del tubo de escape de un coche en marcha, emulando lo que se conoce como la muerte dulce, posiblemente contrapuesta a la vida amarga, y ambas, lentas y sufridas hasta sus últimas consecuencias que enlazan, como dos hermanas del destino, al final de los tiempos de la triste realidad…
Su madre, Thelma, siguió intentando de forma insistente y sin descanso la publicación, y lo consiguió en 1980, cuando ella contaba ya con 79 años, gracias al apoyo de otro novelista, Walter Percy, en una única editorial, la Editorial Universitaria de Louisiana, que sin embargo, en muy poco tiempo, el libro alcanzó un éxito inmenso que, finalmente en 1981, logró subirse al cajón del Premio Pulitzer. Digamos que todo comenzó cuando en 1976, Walker Percy abre con desgana el manuscrito. Él es un prestigioso filósofo y escritor, y leer la obra de un don nadie que ya ha muerto no le apetece nada, pero Thelma Ducoing, la enlutada madre del autor, le ha acorralado con su perseverancia, quizá espoleada por el remordimiento, quizá por el recuerdo, o quizá, por el amor. No había resquicio para negarse. Percy, con cierta desidia, comienza a pasar las páginas, y finalmente queda rendido ante la pasión.

John Knnedy Toole, Ken, como todos lo conocían, fue el único hijo de un matrimonio mayor que ya se resignaba a no tener descendencia. Su nacimiento fue una inspiración para la sobreprotectora Thelma, su madre. Se volcó con su hijo y le proporcionó una excelente educación, pero su energía también acabaría anulándole la personalidad.
Una beca para estudiar en Nueva York le permitió a Toole escapar de su agobiante madre. Realizó un máster en Literatura Inglesa en Columbia y emprendió una carrera como docente antes de ser llamado a filas. En el ejército trabajó como profesor de inglés para soldados puertorriqueños, una tarea que combinó con la redacción de los primeros borradores de "la Conjura de los necios".
Una vez finalizada su instrucción militar, Toole regresó a su Nueva Orleans natal. Pero ya no era el mismo. se había convertido en un ávido bebedor, era excéntrico al vestir y no había ni rastro de aquel maestro extrovertido que encandilaba a los alumnos. Siempre se ha sospechado de su frustración por no conseguir publicar su obra, como hemos comentado, pero No obstante, algunos biógrafos de Toole insinúan que su probable homosexualidad, reprimida a la sombra de su autoritaria madre, fue el factor clave en su mutación y trágico desenlace.
En un arranque melancólico y, quizás, demasiado pasional, podría decirse que Toole desapareció un 20 de enero de 1969, después de una acalorada pelea con su madre, Thelma. Tras encontrar su cadáver en el coche, se hallaron también en la guantera unos recibos de gasolina que señalaban que viajó a la costa oeste, para luego cruzar el país en dirección a Midgeville, Georgia, donde visitó la tumba de Flannery O'Connor, también escritora, también hija única, y quien es considerada entre los mejores escritores estadounidenses del siglo XX; fue autora de dos novelas y 32 relatos, publicó también ensayos y reseñas. Su obra es ampliamente estudiada en el contexto de la literatura del Sur de Estados Unidos; sus personajes y el ambiente que describe son sureños, y a la vez su obra trasciende el ámbito local para crear ficciones de alcance universal. Se cree que regresaba hacia Nueva Orleans cuando paró en una carretera secundaria a las afueras de Biloxi, Mississippi. Allí encontraron su cuerpo el 26 de marzo, y en el mismo ligar de la tragedia se halló una nota de suicidio, que Thelma destruyó tras leerla. Sus comentarios acerca del contenido de la carta fueron contradictorios, y las razones por la que su madre la destruyó, también. En la imagen, Flannery O'Connor.

La verdad es que resulta difícil catalogar la obra como una comedia, una tragedia, un ensayo o quizás, todo un drama en el que el protagonista, Ignatius, cae mal desde el principio hasta el final, pero engancha por todos los lados a pesar de la desagradable existencia que proyecta hacia los demás, e incluso él mismo, se da cuenta del rechazo de la sociedad hacia su persona, y precisamente la historia, circula en torno a la lucha contra la sociedad del momento que le tocó vivir, ésa es la razón por la que arremeta contra ella con todas sus fuerzas, una sociedad en la que se entremezclaban la corrupción, el miedo, la pobreza y la difícil lucha por la supervivencia social.
Ciertamente, pese a un argumento muy complicado de explicar, podemos llegar en un momento dado, a imaginar que el propio autor, es el reflejo inédito del personaje de su obra, una obra que despierta sentimientos encontrados como humor, repugnancia, impotencia o la misma tristeza, y que conforme va avanzando hasta el final, van creciendo, como a la vez, crece la imagen complicada que representa el personaje en cuestión.
Ambientada, como hemos dicho, en
los bajos fondos de la Nueva Orleans de la
época, en un hilo
argumental con situaciones cotidianas, que van enlazando a una cuadrilla de
personajes esperpénticos, en una mezcla sin parangón, liderados por nuestro protagonista, como ya hemos
comentado. Se da la
circunstancia que, del mismo autor, podemos encontrar publicada otra obra
titulada “La Bíblia de Neón”, que escribió con 16 años, y mantenía guardada en
un cajón.
Puestos a elucubrar, me gustaría dejar claro que La Conjura de los necios, desde luego, es una obra maestra, brillante a lo mejor y depende de los gustos de cada cual, universal posiblemente debido a la leyenda que lleva cosida, compleja y disparatada con total certeza al considerarse una sátira moderna, que ha entrado de la mano de la suerte o la desdicha en la historia de la literatura a base de la insistencia, pero que no se aleja para nada, de otra visión que rompe con los falsos mitos que envuelven el halo de misterio que la identifican.
El primero de ellos, es si se puede considerar el rechazo de la obra de Toole, el motivo real del suicidio del autor, e investigando un poco, hemos podido saber que un editor llamado Robert Gottlieb un mensaje que parece ser que no fue una negación cerrada a la edición del libro, pero que Toole, decidió no enviar la obra a otra editorial, y al parecer, la razón es que la familia estaba pasando una situación económica difícil, y Toole tenía dos opciones y debía decidirse por una de las dos, algo que le resultó muy complicado, y que, sinceramente, de forma personal, mi opinión es que había decidido ser escritor, y había confiado demasiado en un libro que creía una obra maestra que a la postre lo fue, pero pudo sentir una especie de desdén el primer contacto que tuvo con una editorial, y también, posiblemente influyera el que Toole, sintiera una especio de pasión fraterna con un grupo literario de escritores estadounidenses conocido como Generación beat de la década de los cincuenta, así como al fenómeno cultural sobre el cual escribieron. Algunos elementos definitorios son el rechazo a los valores estadounidenses clásicos, el uso de drogas, una gran libertad sexual y el estudio de la filosofía oriental. Esta nueva forma de ver las cosas dejó su principal influencia y legado en la posterior contracultura o movimiento hippie.

Tampoco podemos considerar a Toole como un escritor loco, ya que por el contrario, pensamos que cuando escribió la novela o como queramos llamarle, debía estar absolutamente centrado para escribirla en tan sólo seis meses. Por otra parte, nos hacemos la pregunta de que si podemos considerar a la madre del escritor, como la única fuente fidedigna para llegar a conocer su vida, y nos resalta esta duda ya que también es conocida la complicada relación que mantenían, con un control excesivo posiblemente razonable quizás, y que la documentación aportada para prologar su obra y darle el empuje comercial necesario, sólo ha sido seleccionada por ella, Thelma, y tomó la decisión de buscar editora después de la muerte de su padre, en 1974. Además, existe otra variante, y es la existencia de una posible carta que Toole escribió a una mujer en la que le propuso matrimonio...o el amor platónico por la escritora antes mencionada Flannery O'Connor...difícil de saber.
Entramos ahora en la opinión citada anteriormente de que si cabe la posibilidad de que Ignatius Reilly, protagonista principal de la obra de Toole, fuera el espejo en el que se reflejaba el propio autor, y hemos podido saber que, fuera aparte de la anécdota de vendedor de perritos calientes, resulta que el autor, tenía un amigo íntimo llamado Bobby Byrne, que al parecer cuadra a la perfección con la del protagonista de La Conjura de los Necios, el bigote, el sobrepeso, alto, torpe, adoraba los perritos calientes, estaba obsesionado con la filosofía medieval, era un intelectual pero al mismo tenía un punto grotesco, era conocido por tirarse pedos en público...en fin, datos contrapuestos que espero que ayuden a sentir el cosquilleo del deseo a leer la obra, que en todo caso, resulta fantástica a mi parecer, de lo contrario, Ignatius Really se apoderará de sus mentes cada día por la noche antes de dormir, les recuerdo que su adaptación al cine, ha sufrido toda una maldición...
Aingeru Daóiz Velarde.-
http://enigmasdelrecuerdo.blogspot.com.es/
BIBLIOGRAFÍA
La Conjura de los necios. John Kennedy Toole.
Una mariposa en la máquina de escribir. La vida trágica de J. K. Toole y la extraordinaria historia de La conjura de los necios. Cory MacLauchlin.